Para realizar una vivienda bioclimática se deben tener en cuenta diversos factores que conjuntamente den como resultado una vivienda que no requiera de elementos o mecanismos “artificiales” para conseguir el confort en el interior de la misma frente a las adversidades climáticas externas.
   Pero una de las más importantes a la que no se presta la suficiente atención es la inercia térmica.
  Salvo en climas extremadamente benignos con condiciones estables en todos los periodos estacionales, la inercia térmica es fundamental tanto en climas extremos de calor, como en climas medios con oscilación de temperatura importante entre estaciones, como en climas fríos.           
   La capacidad de los materiales para almacenar energía y para devolverla de forma atenuada es lo que se conoce como inercia térmica. Esta capacidad de almacenar calor depende del calor específico, del espesor y de la densidad del producto. En el caso de los materiales minerales el calor específico es siempre el mismo (1Kj/kgK) por lo que la capacidad térmica depende únicamente de la masa, o sea, de su densidad y de su espesor. Por tanto, los materiales minerales pesados son los que van a aportar inercia térmica al edificio y por consiguiente van a permitir que la energía que generemos (o captemos) dentro de la vivienda, va a permanecer dentro de la vivienda más tiempo (desfase y amortiguamiento) que en una construcción ligera.
   Pongamos como ejemplo una vivienda con estructura de madera, con un gran aislamiento en el interior de los cerramientos (también de madera) y con una gran zona acristalada orientada a Sur.     
   En invierno el calentamiento de la misma se va a producir de manera rápida y eficaz, debido a que el gran aislamiento evita que se escape el calor a través de los cerramientos norte, este y oeste. El aire interior se va a calentar rápidamente y los paramentos de madera también.

 
   Sin embargo en cuanto se oculte el Sol, el aire interior y los paramentos de madera con poca masa se enfriaran rápidamente al desaparecer la fuente de calor. Esto sucede porque aunque tengamos cerramientos con gran aislamiento, la gran zona acristalada que nos ha servido para captar la energía solar (de forma gratuita) se convierte en  una autopista de salida de la energía interior.
   Para evitar esto se debe disponer de elementos móviles (contraventanas, cortinas pesadas,…) que impidan esa “fuga” de la energía. Sin embargo esto puede mantener un espacio de tiempo limitado dicha energía calorífica dentro.
   La inercia térmica es lo que va a conseguir prolongar en el tiempo (toda la noche) dicha energía en el interior, ya que la radiación solar se “pega” a los materiales pesados durante el día y posteriormente van “soltándola” poco a poco durante más tiempo. Esto es, los materiales con gran inercia térmica permiten almacenar la energía calorífica para una vez la fuente desaparece, devolver a la estancia de manera progresiva dicha energía.