Por todos es conocida la famosa frase “la forma sigue a la función”, pero en la arquitectura bioclimática esta idea se transforma y se convierte en “la forma sigue a la termodinámica”. Porque cuando se realiza el diseño de un edificio bioclimático es imprescindible que su forma favorezca el comportamiento termodinámico del aire de su interior. Para ilustrar esta idea, nada mejor que enseñaros algunas obras del arquitecto alemán Thomas Herzog, maestro en el estudio y la experimentación del diseño bioclimático. El primer ejemplo es una sencilla vivienda unifamiliar en Regensburg, cuya forma triangular permite un comportamiento térmico excelente. El segundo ejemplo es el pabellón Hall 26 de la Expo de Hannover, con una forma que busca la ventilación natural y cuya forma le confiere un imagen característica al edificio. Por último, pero no menos importante, es el Design Center de Linz, un palacio de congresos y exposiciones con una cubierta acristalada que permite la iluminación natural de todas las estancias y cuya forma está pensada, otra vez, para la ventilación natural. De nuevo su forma es determinante en la imagen característica del edificio, pero no por un motivo estético, sino por un motivo de eficiencia del edificio que favorece el ahorro energético. Las imágenes que os muestro son sacadas en su mayoría del libro “Thomas Herzog: Architecture + Technology” de la Editorial Prestel, donde aparecen estos y otros muchos ejemplos tanto de viviendas como de edificios de carácter público.